publicado en agosto 20, 2010 12:47

¿Qué la motivó a escribir esta biografía?
Me motivó la repercusión que la vida y muerte de la Hna Margarita tuvo y tiene entre la Juventud femenina y gran parte de la Familia de Schoenstatt. Creo que ello indica que Dios nos quiere hablar a través de su persona y del testimonio que ella nos deja. En varias oportunidades, en conversaciones con las Hermanas, surgió la propuesta de escribir algo sobre la Hna Margarita. Son todas voces de Dios que muestran que Él lo quiere.
¿Conoció a la Hermana Margarita? ¿Cuándo?
Sí, la conocí en el año 1998, cuando ella entró en la Juventud Femenina de Tucumán. Por entonces yo era asesora de la rama, y en una de mis visitas a la diócesis, la jefa de rama me la presentó una noche en la casa de la Familia. Era el primer contacto que ella tomaba con Schoenstatt y estuvimos conversando un buen rato las tres sobre lo que era Schoenstatt, la juventud femenina, sus ideales, cómo trabajábamos, qué propuestas teníamos para ella, etc. Estaba muy abierta y se mostraba interesada por todo. Entonces ella tenía 22 años, estaba estudiando medicina y me contó que había tenido una experiencia fuerte de acercamiento a Jesús, que era catequista, pero estaba en la búsqueda de más. Eso era lo que caracterizaba a Valeria en esos años, su deseo de más, su búsqueda de algo que le diera sentido pleno a su vida.
¿Qué nos puede decir de ella?
De Valeria podría decir que fue una chica absolutamente normal, con los anhelos y problemas de toda chica. Una chica profunda, con vocación de servicio, con un gran amor a las personas, a cada uno como era, y de manera especial, al más necesitado y desvalido. En esto tenía mucha sensibi

lidad. Concibió su estudio de medicina y su posterior profesión de enfermera como un servicio a la vida, pero una vida bien personalizada, con nombre, con rostro e historia. Por sobre todo, fue una chica que se dejó conquistar por Dios. Le costó darle su sí, le costó discernir a qué camino la llamaba él. Estuvo enamorada, anheló la maternidad biológica con todas sus fuerzas, apreció y disfrutó mucho todas las posibilidades que Dios le regaló en su vida. Pero cuando descubrió que Dios, misteriosamente, la quería totalmente para sí, supo renunciar a todas esas oportunidades muy hermosas y legítimas, porque intuyó que en esa decisión, daba el salto a un bien mucho más grande que todo lo que dejaba. Fue valiente, hasta el fin, cuando Dios le pidió la entrega de su vida joven. Creo que en este camino, la ternura de María, su Reina, su anhelo de asemejarse a ella, la fue guiando eficazmente. Ella la coronó reina de su vida, y María demostró serlo, conduciéndola rápidamente a una cumbre.
¿Cómo resumiría el mensaje de su vida?
Si algo puedo decir de la Hermana Margarita, es que en su vida no hay nada extraordinario, muy impactante, fuera de lo normal, era una hija sencilla del Padre, una niña, que experimentó mucho su fragilidad, sus limitaciones, su temor a no poder, pero que lo pudo superar victoriosamente por un gran amor filial. Creo que éste es el mensaje de su vida: ser hija del Padre, siempre hija, que se sabe amada, conducida y llamada a algo grande.
¿Quiénes han aportado para que usted pueda escribir sobre su vida?
Muchos aportaron para lo que estoy escribiendo sobre la Hermana M. Margarita. En primer lugar, su mamá, Mercedes, con gran generosidad compartió conmigo relatos muy valiosos y hermosos, también fotos, escritos. Su abuela Cuqui, su prima Verónica. Algunas amigas, Raquel, Cecilia, me contaron y escribieron sobre ella. Otros conocidos también me aportaron sus testimonios. Todos con mucha alegría y disponibilidad para colaborar.
Las Hermanas también me ayudaron mucho, sus Hermanas de curso, sus formadoras, las Hermanas que compartieron su vida con ella en el Sanatorio, etc. Tengo también testimonios de compañeros de trabajo en el Sanatorio, enfermeros. Todo esto permite “reconstruir” lo más fidedignamente posible su personalidad, su camino de vida.
Creo que sobretodo me ayuda ella. Recuerdo que cuando se hundía su ataúd en la tierra de nuestro cementerio en Nuevo Schoenstatt, la sentí muy presente, como si ella demostrara que había entrado en la vida plena. Así la experimento también en esta tarea y le pido que ella me ayude a poder ser instrumento del Espíritu Santo para escribir lo que ella realmente era y lo que Dios quiere comunicar a través de su vida.
¿Para cuándo cree que estará listo el libro?
Es una pregunta comprometedora… Me gusta cumplir con lo que digo. Mi anhelo es publicarlo para mediados de este año, me gustaría que fuera un regalo para el Padre en el centenario de su ordenación sacerdotal, y para las primeras Hermanas misioneras que llegaron a la Argentina hace 75 años para sembrar las primeras semillas de Schoenstatt y fundar la Juventud Femenina. La Hermana M. Margarita es un fruto maravilloso de esa entrega.