belu__roasio publicado en octubre 18, 2010 14:40


¿Qué más heroico que haber enfrentado y atravesado la muerte sin edad para merecerla? ¿Qué más
valiente que haberlo hecho con una sonrisa y consolando a quienes anticipadamente lloraban por ella? ¿Qué más sabio que haber diagnosticado antes que los mismos médicos una enfermedad sin retorno?
Después de recorrer las páginas de este libro, es posible llegar a la conclusión de que sí hay algo más heroico, más valiente y más sabio, y no tiene que ver especialmente con la muerte humana de la Hermana Margarita, sino con haberse atrevido a vivir la vida intensamente, con alegría y a conciencia. Una vida llena de desafíos y decisiones difíciles de abordar, como la que llevó desde niña, cuando la malhumoraba ir a clases, o de adolescente frente a las exigencias de la carrera de Medicina y ya más de adulta cuando se debatía entre el amor matrimonial o el virginal, camino este último que emprendió con santidad, decisión y absoluta gratitud pese a los abismos de su espíritu. Esta intensa vida requiere de coraje, para finalmente llegar a la muerte como una coronación a tanta entrega, pero no como la protagonista de su historia. Porque la muerte es un momento, a veces largo, pero la vida es todos los días y necesita de agallas. La muerte nos aterroriza en nuestra pequeñez más humana y pareciera ser la que se lleva todos los méritos al momento de ser encarnada, especialmente si aparece a los 31 años, aunque lo cierto es que la antecede toda una vida que merece ser reconocida y planteada como lo está en estas páginas, con cariño y minuciosamente relatada por la Hermana María Pilar. Ella conoció bien la fibra más fina de Margarita, su espontaneidad, su optimismo, su valentía para animarse a lo que no todos, sus contrariedades, sus temores y anhelos, sus debates más íntimos, su capacidad para hacer vibrar al otro y contagiarlo de entusiasmo para animarse a vivir, simplemente a vivir dejando todo.
María Margarita, que hasta antes de unirse a la familia de las Hermanas de María se llamó Valeria, fue desde niña una mimada por su familia, especialmente por su padre y por su abuela. Y más tarde, su fuerte anhelo de salvar a la humanidad y esa gran sonrisa que se esboza en los rostros al pronunciar su nombre de Hermana, fueron conquistando el cariño de todos a quienes llegaba, desde el más pobre niño indefenso hasta las mismas hermanas, quienes acompañaron a su corazón hasta el último latido.
Esta biografía, además de relatar la intensa vida de María Margarita, desafía a la fe y a la creencia más humana de que la muerte es definitiva. Conmueve por el ejemplo de quien se ha comprometido a pelearle sin tregua al desamparo, al sentirse abandonado en el dolor. Porque María Margarita atravesó tribulaciones, pero jamás se soltó de las manos del Padre y de la Mater. Siempre confió en su amor filial infinito, siempre lo hizo con alegría.
María Margarita se fue muy joven y pronto, pero pervive entre los miembros de la Familia de Schoenstatt y de todos los que la llevan en su corazón, no como un recuerdo sino como la esperanza de que quien a Dios entrega su vida jamás muere.
Martina Delacroix