publicado en agosto 13, 2010 14:15

“La JF fue lo mejor que me paso en mi vida y es un referente constante en mi vida de esposa, madre, hermana, hija...
El padre Kentenich me sostiene en sus brazos todos el tiempo.
Cuenten conmigo para lo que necesiten, en la medida de mis posibilidades.”
Georgi Rosselli
“Pertenecer a la JF me dio un conocimiento amoroso y una vivencia única de Dios como Padre, de la Mater como Aliada inseparable, del catolicismo como escuela de amor y del pensamiento del Padre Kentenich en tanto profeta para nuestro tiempo. Schoenstatt, que conocí gracias al santuario de Belgrano y a las Hermanas asesoras y las chicas de la JF, es uno de los regalos más grandes y hermosos que Dios me dio en la vida. Cómo no agradecer por eso!”
María Lucía Puppo
“Vivi grandes momentos con la Mater, senti como Ella me tomo en sus brazos, conoci chicas con muchas virtudes, valores y alegría, además encontre a chicas que se comprometian en vivir de la mano de la Mater en Schoenstatt, creo que en la JF es un lugar especial dentro de un mundo donde no se sabe que o como ser feliz, en la JF abunda verdadera felicidad.”
Lucrecia Pizarro
“Es tan rica la vivencia que es dificil resumirla en una frase. Pero hay vivencias que me han marcado muy muy fuerte y tienen que ver con las experiencias de comunidad, tanto diocesana como nacional. Los retiros del círculo siempre fueron muy muy ricos en cuanto espacio de formación y profundización de la vida espiritual y de los vínculos entre hermanas de rama. Las vivencias nacionales (jornadas de jefas, retiros de miembro y campamentos), fueron fundamentales para gestar los vínculos nacionales y "consolidarnos" como rama nacional. Todos los propósitos que compartimos comunitariamente para conquistar ser "Hija del Padre, forjadora del Reino" marcaron profundamente mi vida espiritual y me sostuvieron y sostienen en situaciones cotidianas. (algunos los conservo como hábito!! como una manera de seguir vinculandome en ellos a mis hermanas en el Ideal). La experiencia de ser portadora me formó fuertemente y me ayudó muchísimo en mi trabajo como educadora, sobre todo en intentar acompañar y colaborar con la vida ajena. La presencia del pensar y sobre todo la persona del Padre José como verdadero Padre de todas nosotras se enriquecía fundamentalmente en torno a su Santuario. La presencia cercana y personal de los asesores, Padres y Hermanas, tambien fue importante para alimentar ese vínculo con el Padre.”
Julia Helena Osella