Juventud Femenina
lunes, 20 de octubre de 2014
  Noviazgo  
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Comunicación en el noviazgo

 

Comunicación en el noviazgo:
“La palabra comunicación se refiere a un proceso por el que alguien o algo se hace común. Es decir, se comparte. Si vos me contás un secreto, entonces vos y yo poseemos en común el conocimiento de tu secreto, porque vos me los has comunicado. Pero para llegar a ser verdaderamente persona, no basta con comunicarse un secreto, sino que vos podes decirme quién sos….del mismo modo que yo puedo decirte quién soy”.
Cuando alguien nos pregunta cuáles son los principales ingredientes o pilares que tiene que tener una pareja. Casi siempre en el top ten aparece la palabra "comunicación" o "diálogo". Básico ¿no?... casi obvio.
Pero ¿qué significa diálogo en el noviazgo? ¿Cuántos niveles hay? ¿Cómo se puede fomentar?¿Cómo se puede crecer en la comunicación y no estancarse?

Grado 1: Actividades
La comunicación que suele darse más natural en una pareja es acerca de cosas. Hablamos de horarios, tarea, agenda. Y ¿mañana qué hacés? ¿vas al cumple de Juan? ¿cómo te fue en la facu? ¿a qué hora cursas? ¿cómo rendiste? ¿qué materia estas estudiando? Es un tema que siempre surge porque es lo más rápido, lo que queremos saber más inmediatamente del otro. Sólo le transmito al otro información. Cosas objetivas del orden fáctico.

Grado 2: Los otros
Algo que suele ocuparnos mucho tiempo es hablar de otros. De nuestra pareja amiga, de lo que le pasa a mi mejor amiga, de cosas que pasan en la familia, de un profesor, de alguna buena anécdota, de gente en común, de la pelea con mamá. De quién está con quién... los otros están muchas veces en el centro de nuestras conversaciones. 
Grado 3: Gustos
En las primeras salidas siempre contamos qué nos gusta hacer, en qué somos buenos, qué no nos gusta, lecturas, películas, deportes, comidas, colores, materias, qué nos gusta hacer en el tiempo libre, etc.

Grado 4: mundo de las ideas.
Un campo más comprometido es cuando empiezan a surgir preguntas relacionadas con nuestra cosmovisión. Qué pensamos a cerca de Dios, el hombre, la sociedad.
Y ahí pueden surgir debates ideológicos, religiosos, políticos. Esta etapa es sumamente rica ya que en primer lugar requiere que nosotros mismos tengamos posición formada en cosas y podamos defenderlas y a la vez porque el intercambio con el otro puede abrirnos la cabeza, o darnos puntos de vista distintos, complementarios.
En el plano de las ideas también entra nuestras expectativas sobre la relación. ¿Qué pensamos del noviazgo? ¿Qué noviazgo queremos? ¿Qué valores nos gustaría que ocupen el centro de nuestra relación? ¿Sobre qué bases/pilares queremos construir?
Pero hasta acá es un proceso que se va gestando casi espontáneamente, naturalmente, al compartir tiempo con el otro. Al ir conociéndonos todas estas cosas van saliendo a la luz. Pero hay cosas que por ahí suelen tardar más tiempo, suelen tardar más en salir a flote. 
Obviamente cada pareja tiene sus tiempos, su originalidad, sus momentos y una conversación que en una pareja se da a los poquitos  meses en otra puede darse luego de algunos años. No creo que una u otra cosa sea mejor o peor, lo bueno es reconocer y respetar el ritmo propio de la pareja para ir creciendo, para ir echando raíces. De nada serviría apurar un proceso y dilatarlo tampoco tendría sentido. 

Pero si vamos un poco más allá de las cosas, los otros, los gustos, las ideas… si vamos más allá de lo que se ve… si ahondamos… si profundizamos ¿Qué hay?...
 
Grado 5: lenguaje del alma
 
El diálogo es un ejercicio. Cuando digo diálogo me refiero al diálogo del alma. Ese que lleva su tiempo en salir, ese que nos vuelve vulnerables, que a veces nos da vergüenza, o que a veces simplemente no sabemos como encararlo porque trata de cosas que están muy muy arraigadas en nuestro interior.
 
Es algo así como ir quitándose las máscaras, ir dejando atrás las barreras y muros que a veces nosotros mismos ponemos y permitirle al otro entrar en nuestra interioridad.

Este diálogo no es espontáneo, no surge de la nada. No es tan simple y sencillo como hablar de mis gustos, de otros o de cosas. A veces surge a partir de un estímulo, puede ser a partir de una discusión, de un malentendido, de algún problema que estemos pasando. Estos sacudones externos a veces nos dan una oportunidad para abrirnos al diálogo de una manera nueva, distinta, tal vez desconocida.

¿De qué estamos hablando?
Es empezar hablar de nosotros mismos, de cómo somos, de nuestro temperamento, de nuestros dolores, nuestras alegrías, nuestros sueños, nuestros miedos, nuestras inseguridades, de nuestras luces y sombras, de nuestra riqueza y pobreza.
Es ir más allá. Es adentrarme en el misterio del otro y permitirle al otro que me conozca muchas veces mientras yo misma me voy conociendo. 

Soy tal o de cual manera. Y, ¿por qué? ¿Qué me lleva actuar así? ¿Qué hay detrás de eso?
No es decir “soy irritable y listo” o “soy extrovertida o introvertida y listo”. Eso sería chato. Es mirarme y descubrirme con el otro y dialogar juntos a cerca de por qué soy así. ¿Qué cosas me hacen ser así? ¿Cuáles me movilizan? ¿Qué experiencias de mi pasado hay, o qué hábitos familiares, o que etiquetas hay detrás?

Es poner el alma sobre la mesa. Qué difícil. Y qué responsabilidad para el que escucha, con qué prudencia, con qué respeto y qué cuidado uno es receptor del lenguaje del corazón del otro.
Este tipo de diálogo no es de todos los días. Se da cada tanto... como todo ejercicio hay que generar espacios. Para estas cosas sirven los aniversarios o fechas importantes, sirven para preguntarnos ¿cómo estamos?¿cómo está cada uno individualmente y cómo está la pareja? Uhh pero que fiaca da a veces... y bueno es como el gimnasio... es más entretenido mirar una peli, hacer salida o hablar de otros temas menos vinculantes.
Es fomentar momentos y salidas que nos ayuden a "encontrarnos, a vernos realmente, a sintonizar, a generar empatía". Una simple salida a caminar una tarde de sol, o ir a tomar mate a una plaza, o salir a tomar un helado.
 
Cuando brota el lenguaje del alma gestamos en nuestra pareja un lugar sagrado. No sólo se trata de palabras, también de silencios, gestos, sensaciones, aromas, recuerdos, vivencias, emociones. Ese espacio común es el núcleo sagrado, es la identidad de la pareja.

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