Juventud Femenina
sábado, 19 de mayo de 2012
  Padre José Kentenich  
15
Partida del Padre a la eternidad

 

            El 15 de septiembre de 1968 el Padre Kentenich celebraba la Santa Misa, por primera vez en la Iglesia de la Santísima Trinidad en el Monte Schoenstatt. A las seis y cuarto subió al altar asistido por dos sacerdotes, el Padre Weigand y el Padre Drago Maric. Los dos le ayudaron en la distribución de la Sagrada Comunión. A las siete pasadas, terminó la Santa Misa. En la sacristía invitó a los dos sacerdotes a almorzar, luego bendijo unos Rosarios que le entregó la Hermana sacristana y se quedó un momento de silencio.
De repente notaron que el Padre se inclinaba para adelante. Trató de apoyarse en sus manos, pero se desplomó. Los Padres a no poder sentarlo tuvieron que depositarlo en el piso. El Padre llevó su mano hacia el corazón, después respiró dos o tres minutos. El Padre Weigand le administró la sagrada unción y le impartió la absolución general. A las 7:15 cuando llegó el médico se inclinó hacia el Padre, auscultó el corazón y dijo: el corazón está parado. El Padre Kentenich había partido a la eternidad a causa de un ataque cardíaco, en una paz extraordinaria ya que era la fiesta de nuestra Señora de los siete Dolores.
El 20 de septiembre de 1968 fue sepultado en el lugar donde murió. Su sarcófago de basalto gris, lleva su nombre, la fecha de nacimiento y de muerte, en su epitafio nos deja un mensaje: DILEXIT ECCLESIAM. Amó a la Iglesia.


            En este nuevo aniversario de la partida del Padre a la eternidad, me pregunto cómo tendríamos que recordarlo cual hija del Padre que somos.
Nos podríamos cuestionar, ante todo, cómo está nuestro grado de “filialidad”, cómo fuimos en este año creciendo en el amor al Padre, cómo nos dejamos educar por él, y si realmente pudimos vincularnos más a su persona.
Por otra parte, me parece esencial evaluar cómo fue nuestro aporte a la Rama, y no me refiero a un grado de activismo, sino en preguntarnos cómo cuidamos los vínculos que la Mater nos regaló, nos regala día a día en nuestras hermanas de Rama. Cada diócesis, cada consejo, cada grupo de vida, podrá sacar sus propias conclusiones de cómo vive la fraternidad. Ésa Familia que el Padre quiso gestar para regalarle a la Iglesia, siendo un aporte concreto en el mundo, elevándola hacia la Santísima Trinidad. Sólo de ésa manera llegaremos, tal como reza el Hacia el Padre, a pre-vivenciar ése “Schoenstatt eterno” hacia el cual nuestro corazón se dirige y que algún día podremos contemplar en la eternidad. Recemos, para que el Padre desde el cielo mire a sus pequeñas Marías, a sus hijas, orgulloso de saber que han captado, vivenciado y sobre todo encarnado su herencia y su misión. Así podremos insertarnos con nuestra propia vida en su epitafio: “Dilexit Ecclesiam”, Dilexit Schoenstatt.

Isa Ubierna
JF Confidentia

 

Comentarios

# Marie Marquez
jueves, 15 de septiembre de 2011 02:23 p.m.
Gracias Isa!!! Me gusto muchio!!!!! Unidas!!
# agus
jueves, 15 de septiembre de 2011 03:15 p.m.
¡Que lindas palabras Isa! Lo compartí con HOGARES DE LUZ:
Besos, te quiero.

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